Vos

Entré a tu cuarto, me abrazaste, me dijiste que siempre iba a ser bienvenida en tu casa. Me despedí. Volteé la vista, te vi, no soporte y te volví a abrazar.

Sabía que iba a pasar, pero no lo entendía (sigo sin entenderlo) una semana después me avisaron. Lo peor había pasado. No fuí el día de tu entierro, preferí recordarte viva.

Nadie se imagina que tan vulnerable es, hasta ese momento. Ese mísero instante pensé que las personas como tú, con esa alegría y sabiduría, debían vivir por siempre.

Lo que más recuerdo es tu porte.

Tenía que despedirme, yo tengo sólo una forma de hacerlo. Aquí está mi infinito, donde vos radicáis y donde me acompañas siempre.

Comentarios

Entradas populares