Secreto
Él va manejando, vamos por un tramo de la carretera muy oscuro con árboles a los lados.
Las luces de la camioneta alumbran sólo unos metros, lo demás no existe. Otra aventura está comenzando: “Cuando era niño, me gustaba voltear hacia atrás y no ver nada, me daba mucho miedo”.
Me he escapado de mi casa a media noche y voy al lado de él, otra vez. Conozco a la perfección el tatuaje de su espalda y su piel es como la arena del desierto, siempre cambiante, árida.
Hace un año, tres meses y un día, exactamente lo conocí. A las 11:00 pm. Él estaba muy borracho. Caminó a mi lado por todas las calles del Centro. Me iba explicando el mundo.
Después desapareció. Lo único seguro es que lo tenía que volver a encontrar. Ya no me imaginaba mi vida sin aquel secreto.
Mis investigaciones fueron arduas y lo encontré.
Cada vez que lo veo, puede ser que el encuentro no se repita… aunque siempre regresa a mí. Cada vez viajamos más lejos, cualquier día de la semana. Desde el cuarto de su azotea miro las nubes de su techo y en las carreteras siempre volteó hacia atrás para decirle que continúe, que no debe temer, que él no volteé porque que sí un día nos morimos en el camino, sin luz, nadie lo sabría.
Mis investigaciones fueron arduas y lo encontré.
Cada vez que lo veo, puede ser que el encuentro no se repita… aunque siempre regresa a mí. Cada vez viajamos más lejos, cualquier día de la semana. Desde el cuarto de su azotea miro las nubes de su techo y en las carreteras siempre volteó hacia atrás para decirle que continúe, que no debe temer, que él no volteé porque que sí un día nos morimos en el camino, sin luz, nadie lo sabría.
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